Colegio de Etnólogos y Antropólogos Sociales A.C.

Donald Trump y una antigua idea de Ángel Palerm

In Uncategorized on diciembre 7, 2016 at 10:16 AM

Donald Trump y una antigua idea de Ángel Palerm

Esteban Krotz

(Universidad Autónoma de Yucatán / Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapala)

 Las bombas podrán matar a los hambrientos, a los enfermos, a los ignorantes, pero no pueden matar el hambre, las enfermedades, la ignorancia. No pueden tampoco matar la justa rebeldía de los pueblos. Y, en el holocausto, morirán también los ricos, que son los que más tienen que perder en este mundo.

                                            Fidel Castro, Discurso ante la ONU, 12. 10.1979

El tiempo presente parece una coyuntura fértil para las ciencias sociales en general y para la antropología sociocultural en particular. Porque hay mucha/os ciudadana/os que se preguntan casi desesperados por las causas de la situación nacional tan insatisfactoria: desde la desigualdad persistente[1] hasta el porcentaje gigantesco de la población económicamente activa laborando en la economía informal[2], y desde los enormes recortes presupuestales en renglones clave que hipotecan el futuro de los actualmente jóvenes[3] hasta la violencia pública al parecer sin frenos a tal grado que se propone incrementar más aún la presencia del ejército y de la marina armada en actividades administrativas y policíacas, pasando por los niveles de corrupción que parecen haber alcanzado dimensiones nuevas al agregar al robo acostumbrado de recursos públicos mediante contratos y concesiones, el desvío masivo de pagos de salarios y de aportaciones a la seguridad social pertenecientes a grandes grupos de personas. Si uno no quiere simplemente –lo cual desde luego se puede hacer también– buscar el origen de las conductas individuales y colectivas que generan, sostienen y consolidan estas situaciones, en las fuerzas del mal y el pecado, en la estructura de personalidad de diputados, jueces y funcionarios, o en la falta de responsabilidad individual de la/os ciudadana/os y de sus gobernantes, entonces está claro que la causa –y los caminos de salida– de estas situaciones son el tema de las ciencias sociales.

 

La estupefacción por la campaña electoral en Estados Unidos

A estos y otros temas se agrega ahora la estupefacción por al transcurso de la reciente campaña presidencial en el país vecino del norte y, más todavía, por su resultado.

¿Será posible que en la nación más poderosa del mundo las cuestiones centrales de la campaña hayan sido los peinados y la vida sexual de los candidatos y de sus familiares, mentiras y reacción pavloviana a resultados de encuestas, los insultos mutuos y los anuncios, amén de promesas a todas luces poco probables de poder ser realizadas?

Y luego el resultado del 8 de noviembre. Sí, a pesar de contar con alrededor de dos millones de votos menos que su principal contrincante y a pesar de haber impugnado públicamente el proceso electoral como poco confiable y manipulado, el ganador oficial es un multimillonario acusado de no haber pagado los impuestos debidos; hijo de una madre inmigrante y casado en terceras nupcias con una inmigrante, pero repitiendo por doquier un grosero discurso anti-inmigrante; rodeado de esposa, ex-esposas e hijas pero con dichos revelados sobre las mujeres que no son aptos para incluirse (o tal vez sí deberían serlo y hasta discutirse) en los libros de texto de la primaria.

Probablemente a la/os antropóloga/os nos llama menos la atención que a la/os colegas de otras disciplinas el estrepitoso fracaso de tantos pronósticos basados en “encuestas representativas” – un procedimiento que tampoco sirvió para anticipar acertadamente la votación sobre el llamado “Brexit” o el resultado del referéndum colombiano sobre el acuerdo entre el gobierno federal y la principal fuerza guerrillera del país. Lo cual constituye un aliciente para redoblar la experimentación y reflexión metodológicas de tipo cualitativo en los programas de estudio antropológicos.

Pero ¿cuál podría ser una respuesta pertinente de la antropología a esta situación?[4]

Una primera conclusión podría ser que la tan comentada problemática de la democracia mexicana –y de tantas otras democracias de América Latina– no es única y especial, sino que es variante particular de una mezcla de estancamiento y perversión general de la idea democrática que afecta a todo el mundo. Por lo que se necesita urgentemente lo que la mayoría de las instituciones universitarias en México con sus esquemas burocratizados de control, contratación, planeación, financiamiento, divulgación, “evaluación” y el opaco funcionamiento de sus órganos “colegiados” no parecen interesadas en, ni aptas para fomentar, a saber: la investigación de tipo básico y de largo aliento y enfocada de modo descolonizada desde el Sur, sobre el poder, el estado y los derechos humanos; la pesquisa colaborativa[5] con comunidades y movimientos sociales que buscan nuevas formas de la generación de consensos operativos y del ejercicio y control del poder público. A lo cual de podría agregar el ensayo práctico, teóricamente orientado y acompañado de formas de organización democrática en las mismas universidades…

Una segunda conclusión podría ser que la larga historia de caudillismos políticos e intelectuales y la predominancia histórica de presidencialismos formales e informales nos ha llevado a ocuparnos demasiado en las figuras de los candidatos y de sus ocurrencias, y menos en las fuerzas sociales que financiaron y que apoyaron mediáticamente a dichos candidatos. Y mucho menos aún nos hemos fijado en las historias de vida y las ideas, los procesos de enculturación y re-enculturación crisis tras crisis, las expectativas y las frustraciones de quienes votaron finalmente por el candidato ganador (y de quienes llevaron la voz cantante en la designación de la mayoría de los candidatos de los dos grandes partidos). O sea, en las (sub)culturas políticas de los varios y variados segmentos de votantes que las metodologías cuantitativistas no lograron descifrar correctamente.[6]

En todo caso e independientemente de lo que Donald II (consideramos como primer Donald mundialmente conocido a quien Ariel Dorfman y Armand Mattelart dedicaron poco antes del inicio de la dictadura pinochetista su famoso libro[7]) vaya a hacer durante las próximas semanas y antes y después del 20 de enero (en caso de que el Colegio Electoral no decida adecuar su decisión al voto mayoritario de la/os ciudadana/os), parece que las antropologías latinoamericanas en general y la mexicana en particular, están ante un reto interesante.

 

Una antigua propuesta de Ángel Palerm

En los primeros años del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (entonces llamado CIS-INAH), su fundador favorecía la idea de no solamente estudiar a las víctimas del desorden establecido, sino también a quienes eran sus beneficiarios en el país y en el extranjero y quienes, por consiguiente, lo apuntalaban y lo reproducían. No es que hubiera visto algo inadecuado en los temas tradicionales – al fin y al cabo, la antropología mexicana había obtenido su lugar destacado en la sociedad y en el concierto nacional y latinoamericano de las ciencias sociales y humanas por su participación en la creación de la nación[8], y Ángel Palerm mismo había participado en y fomentaba la realización de estudios regionales útiles para la formulación de programas de desarrollo – aunque los entendía, a diferencia de los modelos predominantes entonces y ahora, en el marco de una concepción multilineal de la evolución social. Pero tal vez inspirado también por antropólogos estadounidenses que habían realizado pesquisas en las sociedades europeas de las que provenían muchos integrantes de la segunda generación de antropólogos del vecino país del Norte, Palerm propuso estudiar antropológicamente a la población estadounidense, a la que había conocido de cerca a lo largo de varios años de vivir en su capital. Entre otras actividades, impulsó un amplio estudio sobre el Valle del Tennessee y una investigación sobre una escuela estadounidense en la Ciudad de México, fomentó prolongadas estancias de la/os principales académica/os de la nueva institución en diferentes universidades estadounidenses y apoyó la participación de varios estudiantes de la Universidad Iberoamericana en una investigación sobre temas de cultura y sociedad en un barrio de Philadelphia.

¿No estamos en un momento propicio para reanudar esta línea de investigación?

Sería, al mismo tiempo, una salida del ensimismamiento tradicional de la antropología mexicana y un paso hacia el reconocimiento de su potencial para estudiar otras culturas fuera de su país de origen y, al mismo tiempo, un prometedor impulso para la colaboración con otras antropologías latinoamericanas, para generar aportes para la antropología mundial.[9]

 

Posibles puntos de partida

Instancias como el Colegio de Etnólogos y Antropólogos Sociales (CEAS) y la Red Mexicana de Instituciones de Formación de Antropólogos (RedMIFA) podrían impulsar algunas actividades destinadas a inventariar posibles puntos de partida para crear una línea de estudios de este tipo. Uno sería, desde luego, inventariar estudios antropológicos mexicanos recientes y en proceso (entre ellos, tesis doctorales) sobre cultura y cultura política y jurídica en Estados Unidos. Tal inventario podría vincularse con la nueva época del anuario Inventario Antropológico, decidido en la más reciente reunión de los directivos de la RedMIFA en Querétro.

Aparte de esto podrían considerarse tres “conexiones” existentes como posibles puntos de partida:

–           Examinar la propuesta varias veces hecha en reuniones de la Asociación Latinoamericana de Antropología (ALA) de que México, que quedó como único país formando una región de ALA (después de la separación de Centroamérica como región aparte y vinculada con el área del Caribe), creara una red de lazos con departamentos universitarios de antropología en Estados Unidos y Canadá, donde se estuvieran realizando regular- o predominantemente investigaciones centradas en la población de origen latinoamericano en Estados Unidos y Canadá. Esta red podría funcionar como puerta de entrada a los estudios en cuestión.

–           Preparar o encargar desde ahora un simposio para el V Congreso Mexicano de Etnología y Antropología Social sobre el estado de los estudios recientes y actuales sobre migración y migrantes de México hacia Estados Unidos. También estos estudios podrían servir como puerta de entrada para proyectos y programas de investigación de los que aquí se está hablando. Al mismo tiempo, podría ser un importante impulso para superar la todavía dominante separación de la investigación (antropológica y de otras disciplinas) a secas (usualmente confinada a instituciones capitalinas) y la investigación “regional” (término frecuente en instituciones universitarias ubicadas fuera de la capital, donde se suele mezclar, en los hechos, el énfasis en determinado territorio o población con la idea de una investigación limitada en todos los sentidos).

–           Ubicar antigua/os estudiantes estadounidenses de posgrados antropológicos mexicanos y estudiantes de antropología mexicana/os que con alguno de los actuales esquemas “de movilidad” hayan pasado un tiempo en un departamento de antropología estadounidense, que hayan conocido estudios como los mencionados en el inciso anterior y que puedan ayudar en facilitar el inicio de estudios antropológicos mexicanos de la socidad y la cultura estadounidenses.

Finalmente, y en vista de que en todas las entidades federativas del país viven familias que cuentan con miembros en los Estados Unidos y que están asustados por la posibilidad de su deportación y/o de algún tipo de recorte de las remesas, podría ser conveniente que en todas las escuelas y centros de investigación de antropología se organicen con cierta urgencia mesas de discusión sobre la situación creada por las elecciones presidenciales en Estados Unidos, convocando, desde luego, a especialistas de otras disciplinas así como a integrantes de organizaciones empresariales, funcionarios y legisladores de los diferentes niveles de gobierno para completar el análisis y generar propuestas.

 

                                                                                                                                                                                                                                                       30 de noviembre de 2016

 

 

 

 

[1] Según un estudio reciente de la OCDE, México es el segundo país más desigual de los miembros de esa organización, después de Chile: “La décima parte de población más rica en México percibe 36 por ciento del ingreso nacional, mientras el 10 por ciento más pobre sólo capta 1.7 por ciento del ingreso generado por el país…” (La Jornada, 25 de noviembre de 2016, p. 35).

[2] “Trabaja en la informalidad 58% de la población ocupada del país, revela Inegi” (La Jornada,  29 de septiembre de 2016; URL: <http://www.jornada.unam.mx/2016/09/29/economia/021n1eco&gt;.

[3] Ver los datos resumidos por Javier Flores: “Presupuesto 2017 y el costo de la ignorancia” (La Jornada,  11 de octubre de 2016; URL: <http://www.jornada.unam.mx/2016/10/11/opinion/a03a1cie&gt;.

[4] Es llamativo que, al parecer, la reciente reunión anual (Minneapolis, 16 al 20 de noviembre de 2016) de la American Anthropological Association (“the world’s largest association for professional anthropologists, with more than 10,000 members”, según su portal-e) no ha generado ningún pronunciamiento al respecto – al menos, no se encuentra nada en su portal-e.

[5] Sobre este tema contamos ahora de los tres volúmenes de experiencias latinoamericanas reunidos por Xochitl Leyva: Prácticas otras de conocimiento(s): entre crisis, entre guerras. Cooperativa Editorial Retos, San Cristóbal de las Casas, 2015.

[6] Para la problematización de la metodología cuantitativista usual en el estudio de la cultura política en México, puede verse Esteban Krotz y Rosalía Winocur, “Democracia, participación y cultura ciudadana: discursos normativos homogéneos versus prácticas y representaciones heterogéneas” (en: Estudios Sociológicos, vol. XXV, enero-abril de 2007, n. 73, pp. 187-218).

[7] Ariel Dorfman y Armand Mattelart, Para leer el pato Donald (primera edición en 1972).

[8] Andrés Medina ha resaltado este carácter para varias antropologías latinoamericanas: “La etnografía como reflexión en torno a la nación: tres experiencias” (en: Alteridades, año 3, 1993, n. 6, pp. 67-72).

[9] Otro argumento en este sentido se encuentra en Esteban Krotz, “Dos retos para las antropologías latinoamericanas: orientalizarse y popularizarse” (en: Boletín del Colegio de Etnólogos y Antropólogos Sociales [Los debates teóricos sobre las antropologías latinoamericanas – 40º aniversario del CEAS], 2016, pp. 59-64).

 

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